Un Jueves Santo de principios del siglo XX, por Miguel Romero (II)

25 Noviembre 2011, 17:06pm

Publicado por Historia de Tobías -

bardo 1 miguel     Continuamos con la sección y la crónica de nuestro insigne Miguel Romero de un Jueves Santo del principios del siglo XX; en esta ocasión de la procesión a la altura de Santa Catalina.

 

<< A SANTA CATALINA

 

     El Jueves Santo por la tarde tiene para los pontanos un encanto irresistible, una misteriosa atracción que los lleva como a deliciosa romería a un punto determinado del pueblo: a Santa Catalina.

     Este punto no es más que una bonita calle del barrio alto (hoy día más cerca del bajo que del alto), ni ancha ni larga, pero con el atractivo de la tradicional costumbre de acudir la mayoría del vecindario a esperar la Cofradía del Señor de la Columna que por allí pasa, y la vistosa entrada de los Romanos.

     De las dos de la tarde en adelante, la animación y alegría es extraordinaria en esta calle, creciendo por momentos con nuevas oleadas de femeniles bellezas de carnes sanas y perfumadas, luciendo galas y primores confecciones para el soñado momento de esta hermosa tarde primaveral.

     Cuando la hora de la procesión se acerca, fórmanse en ambas aceras nutridas y apretadas murallas de gente ocupando tantas filas de sillas que casi interrumpen el tránsito, invadiendo además los amplios portales, las salientes ventanas bajas y los altos balcones, que formando caprichosos racimos se destacan de las fachadas.

     Allí, contra la ley física de la impenetrable de los cuerpos se embuten más de ocho mil almas, donde no caben dos mil y este cuadro de brillante colorido, pletórico de vida, sube de pronto y agítase con espasmo gigantesco al sentir por un lado de la calle el timbre sonoro de la campanita de la Cofradía que avanza, desplegando sus amplias y lujosas banderas, y por el opuesto los alegres redobles y brillantes notas del Imperio Romano que a su encuentro viene, moviendo graciosamente por entre un mar de cabezas los nevados copos de sus plumeros.>>

 

Fuente: Miguel Romero, obra conocida.

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