Pregón "El Pez" 2009

, 16:50pm



PREGÓN 2008 (Viernes de Dolores)
A cargo del hermano Jesús A. Luna Guerrero

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    Hermanos y hermanas todos, buenas noches, como es tradición en esta casa quiero dar la bienvenida a los hermanos invitados que hoy se sientan en nuestra mesa, deciros, que estáis en vuestra casa, espero que os sintáis como en ella y sabed que la tenéis abierta para lo que queráis las veinticuatro horas del día y a vuestra disposición.

     En primer lugar, agradecer a todos mis hermanos de Corporación por confiar en mí para este pregón, pero bueno, allá vosotros. Dejando un poco el tema irónico a un lado y como es de bien nacido ser agradecido, quiero dar gracias a todo el mundo que me ha ayudado a “fabricar” este pregón, no voy a mencionar a nadie porque seguro que alguno se me olvidará, así que espero que me perdonéis  y sintáis estas letras tan vuestras como mías.

 

         Para empezar me tengo que trasladar a la Semana Santa del año pasado, Semana Santa del 2007, no me acuerdo del día exacto, pero sí de la conversación y de los hermanos que en ella participaban, en ella fue la primera vez que se me propuso presentarme ante vosotros y describir todo lo que significa la Semana Santa, en principio la idea me parecía totalmente descabellada pero sin darme cuenta e inconscientemente se me empezaron a ocurrir ideas, frases, párrafos y poesías que se acumulaban en cabeza, sin ningún orden, y eso me asustó, no sabía si mi mente estaría preparada para expresar todo aquello, pero estaba seguro que mi corazón sí.

 

         No sé si el destino me quería poner a prueba o no, pero ironía fue cuando el cuarto sábado de este año me toco llevar el protocolo de la mesa, creedme cuando os digo que fue difícil pero ahora ya sabía que era hablarle a mis hermanos así que tras aceptar la tarea de pregonero, se me planteaba un nuevo dilema, ¿cómo puedo hacer llegar a mis hermanos mi forma de entender la Semana Santa y sobre todo mi forma de vivirla aquí, en “El Pez”?, mi idea principal era la de mostraros mi grupo tal y como es, sin ningún cuadro de más, sin ninguna figura puesta que cambie la imagen de este salón y sin ningún adorno que no haga pensar que estamos en un grupo y que aquí se respira hermandad, pues bien la idea se me presento ya en Cuaresma, como sin quererlo le plantee la idea a mi hermano Migue y él me dijo: ¿y porque no en vez de sentar a todo el mundo mirándote, los sientas mirándose unos a otros, es decir, siéntalos a la mesa?, entonces vi el cielo abierto, era perfecto, de esa manera cumpliría el requisito que yo mismo me había impuesto y así, además de con mis palabras se puede sentir, con vuestras vivencias en esta mesa, donde se hace hermandad, lo que es “El Pez” en estado puro. Ni que decir tiene que si en algún momento surge alguna cuartelera, o brindis, por favor me interrumpáis, como ya he dicho estáis en vuestra casa y debéis comportaros como tal.

 

         Como ya he dicho para poder expresaros con mayor facilidad mis sentimientos y vivencias que mejor manera de que las comprendáis que haciéndooslas vivir, por eso el titulo de mi pregón estaba claro desde un principio, “En mi cuartel”, estas tres palabras resumen de forma clara todo lo que aquí quiero expresar. Se puede decir más alto pero no más claro, La Historia de Tobías, mi Pez, vuestro Pez, es el culmen de algo que sin saberlo llevamos esperando cada año y toda una vida, quizás me este adelantando a mis esquemas y esté empezando por el final pero solo quiero terminar de esbozar que la fraternidad y el cariño es lo predomina aquí y que sin ellos no se logra nada, es decir no somos “mananteros”, pero llegado a este punto me surge una duda, la cual por muchas vueltas que le dé no me queda clara, es si esos valores se aprenden o se nacen con ellos, es decir, si un “manantero” se hace o se nace, espero que al terminar todos más o menos lo tengamos claro de una forma o de otra, en mi caso y como ya he dicho, no sabría decir que factor ha intervenido mas pero empezare por el principio para que me podáis ayudar.

 

         Mi historia manantera comienza a raíz de un hombre al que por desgracia apenas conocí, tuve la mala suerte de tenerlo a mi lado solo tres años, era Salvador Luna Torres, persona que en la Semana Santa no fue muy conocido, pero que a su Corporación “Los Ataos” y a su Cofradía de la Virgen de la Guía siempre dedico toda su alma, era por así decirlo un “manantero” el cual le daba más importancia a su Cofradía y en consecuencia su Virgen de la Guía, no quiere decir que a su Corporación Bíblica no le tuviera cariño, pero estoy seguro al 100% que lo que llevaba siempre en su corazón, además de su familia, era a su Virgen de la Guía, creo que inconscientemente y en ese corto periodo de tiempo me enseño infinidad de cosas que aunque yo no era consciente de ello con el paso del tiempo estaban ahí, el me preparó el terreno y me indico la dirección que tenía que seguir, desde aquí, abuelo, espero que estés orgulloso de esta persona que hoy se presenta ante sus amigos y hermanos e intenta seguir poco a poco tus pasos para ser cada día mejor “manantero”, termino Pontano al que espero que algún día se me asocie, en ese momento estaré seguro de que te sientes completamente orgulloso de mí.

 

         Después de saber de dónde vengo, después de saber que persona había tenido como primer maestro, ¿qué se puede hacer?, con el tiempo y sin saberlo, mi padre me vistió con una túnica negra, en la cual, yo, podía distinguir unos puños de color azul marino y unos cuellos y un cinto del mismo color, me cogió de la mano y me llevo a la calle Aguilar, allí cual era mi sorpresa, me encontré con una procesión, era el Sábado de Ramos Chiquito, en ese momento mi padre me metió debajo del paso y pobre de mí porque era la primera vez que me encontraba en esa situación, estaba asustado, no sabía qué hacer y no sabía llevar el paso, delante de mí había un niño al que recuerdo perfectamente el cual solo me decía que lo dejara de pisar, hoy en día ese niño es un gran amigo mío y le doy gracias porque en ese día el fue mi primer capataz y me enseñó cómo llevar un paso, aunque a fuerza de enfadarse conmigo, era Francisco Avilés Baena, o como aquí se le conoce, “el inseparable”. Ese día conocí un montón de niños, los cuales poco a poco se hicieron amigos míos y hoy en día son mis hermanos, con el paso del tiempo comprendí que el miedo que sentía ese día no era por meterme debajo del paso o porque todo aquello me viniera grande, era porque ese día iba a conocer a las personas con las que compartiría muchas vivencias y sentimientos y también muchas tristezas y alegrías, a todos ellos gracias por estar hasta el día de hoy junto a mí y gracias sobre todo a ti papá por dejarme conocerlos.

 

         Se puede decir de millones de formas, pero solo conozco una de expresarlo y estoy seguro de que todos lo comprenderéis, creo que  ese día la Virgen de la Guía nos recogió a todos bajo su manto y nos puso a todos juntos para que fuéramos en una misma dirección, la correcta, porque:

 

¿Quién con amor y ternura,

nos siembra nuestro camino?

¿Quién siendo madre fue pura,

por mandamiento divino?

¿Quién guía nuestra andadura,

hacia el último destino?

Es… ¡Nuestra Madre Bendita!

que recorre nuestra Puente,

el Sábado de Pasión.

En su nazarena cita,

con esta Villa ferviente

abre con su bendición

¡La Virgen más bonita!

 

         Con el paso de los años nos seguíamos viendo y poco a poco esos ratitos que teníamos arreglando las andas del paso chico de la Virgen de la Guía, en esos ensayos en los que solo podíamos andar tres metros para adelante y tres metros para detrás, se convertían en momentos inolvidables que iban haciendo hermandad, sin saberlo estábamos viviendo nuestros primeros ratos de fraternidad y creedme cuando digo que serán inolvidables.

 

         Con el paso del tiempo nos íbamos viendo más y más veces y sabíamos que teníamos algo muy grande en común, además de nuestra Virgen, y decidimos ponerlo todo eso sobre la mesa, tras un intento fallido con el nombre de “Los Siete Pecados Capitales”, apareció el grupo de “La Historia de Baruc”, y gracias a Dios que apareció, bendito Viernes Santo de 1998, desde aquí me arrepiento de no ser uno de esos ocho hermanos, que se juntaron y en ese mismo día incluso se pusieron a buscar casa para su pequeño cuartel. Después de esa Semana Santa y durante el transcurso de ese año, no me hicieron esperar mucho para que entrase a formar parte de ellos, fui el primer hermano en entrar, es una sensación muy extraña, que entres a formar parte de algo y seas el primero. Conocía a tres hermanos desde hace tiempo, desde ese dichoso primer Sábado de Guía, pero todo aquello era nuevo para mí, desde ese día y hasta en el momento en que el terrible me lleve con él, siempre habrá un pequeño hueco en mi corazón para ese grupo, ese grupo de personas que por así decirlo, me dieron mi primera oportunidad.

 

         Los inicios como los de cualquier grupo, y más de niños, fueron difíciles, que os voy a contar que vosotros no sepáis, encontramos un pequeño “escondite” en la calle horno, desde el cual observábamos impasibles el paso de las procesiones y Corporaciones Bíblicas para tomar nota y aprender el buen hacer de las personas de este pueblo tan especial como es Puente Genil, aquel fue mi primer cuartel, el cual no llegaba ni a ser ni un pasillo en el que un niño pudiera dar sus primeros pasos, pero nosotros lo logramos, con un par de chapones dividamos la cocina o bueno, donde dejábamos la comida que nuestras madres preparaban o la comida que comprábamos, alguna que otra todavía está esperando a que vayamos a recogerla, ¿verdad Guille?, eran momentos en los que no nos importaba nada más que estar con nuestros amigos y aprender para llegar a ser como aquellos que veíamos pasar por allí.

 

 

         Hay un trozo en el pregón de la Semana Santa que la Historia de Tobías hizo en el cual se describe muy brevemente, con cuatro versos todo lo que allí había fielmente tanto para nosotros como para cualquier grupo que empieza y dicen así:

 

Cuatro paredes blancas

una mesa y pocas sillas,

una olla con el caldo

y en el techo unas bombillas.

 

         Poco tiempo después y cuando creíamos que ya teníamos un poco más de experiencia nos trasladamos a la calle Sol, nuestro cuartel como nosotros se iba haciendo más grande, ahora teníamos un nuevo salón, que había aumentado donde podíamos admitir a nuevos hermanos con los cuales compartir nuestras experiencias y tal vez enseñarles lo poco que llevábamos aprendido, allí en esa casa, en ese cuartel, vivimos experiencias tanto buenas como malas, pero siempre intentamos seguir para adelante y aprender de nuestros errores como disfrutar de todos esos momentos bonitos que allí vivimos.

 

         En nuestra siguiente parada fue donde y a mi parecer nos desarrollamos por completo como jóvenes mananteros, en la calle Lemoniez, donde por fin encontramos un lugar donde nos encontrábamos agusto y donde podíamos mostrarnos tal como éramos. Habíamos sufrido muchos cambios desde que la Semana Santa de 1999 empezáramos en la calle Horno pero en esencia seguíamos siendo los mismos. Con nuevo cuartel empezamos a movernos, esos tiempos donde mirábamos atónitos todo lo que era la Semana Santa de Puente Genil, quedaban atrás, teníamos como vecinos al Sudario de Cristo, ¡un grupo grande!, como nosotros le llamábamos, teníamos nuestra primera vieja cuaresmera, aunque ese año también llegó, gracias a nuestros hermanos Mario y Chifarri la de plata. Pero lo que sin duda distingue a un cuartel es sus vivencias y de eso teníamos muchas, en Cuaresma nosotros mismos preparábamos la comida, aunque en algunas ocasiones saliera peor, mejor o no saliera. Pero lo que sin duda era el momento mágico de todas los sábados era el de la bajada de la pata, no sé, todavía tengo dudas del porque yo fui elegido entre mis hermanos para ser el primero en bajarla, pero desde aquí quiero decir que fue un momento inolvidable, mis hermanitos saben que esas palabras de: estoy muy emocionado, muchas gracias, fueron tal vez palabras muy muy justas, pero os aseguro que llenas de todo el cariño posible, pero para que engañaros, fue lo primero que se me ocurrió. A lo largo de esa Cuaresma y Semana Santa transcurrieron cosas increíbles, brotaron sentimientos que tal vez no os pueda describir porque sino podríamos estar aquí horas, pero lo que sí quiero que quede claro es que allí éramos nosotros mismos, un grupo joven al cual le encantaba la Semana Santa y así lo hacía saber, con la ayuda de la Cofradía del Santo Sepulcro nuestro titular, nos pusieron el apodo de la savia nueva, savia que brotaba de ese árbol con raíces tan fuertes como es el de la mananta pontana.

 

         Tras ese año, el cuartel se nos volvía a quedar chico, llegamos a ser veinte hermanos, desde esos ocho que empezaron, en apenas tres años casi nos habíamos triplicado en número y por eso nuestro salón debía hacerse más grande, así que tuvimos que modificarlo. Normalmente cuando llega el verano estas deseando ir a la playa, o estar todo el día en la calle, pero nosotros no, queríamos dejar los libros a un lado para estar en nuestro cuartel dejándolo lo mejor posible para nuestra añorada Semana Santa, pero que mejores vacaciones que estar en mi grupo, no era ni Cuaresma ni Semana Santa pero en esos momentos es donde la amistad se hace más fuerte, donde la hermandad hace presencia y ¿por qué no decirlo?, es donde un grupo de personas y un cuartel se hace más grande.

 

         En la siguiente cuaresma, empiezas a darte cuenta que hay personas que por unas circunstancias o otras no están, son los hermanitos ausentes, ya con cuatro años de vivencias e imágenes que se te quedan grabadas en la retina aparece el sentimiento de la añoranza, porque hay hermanos que te gustaría que estuviesen a tu lado en un momento dado para cantar una cuartelera, un cantico o simplemente porque sin ellos la mesa no se comporta igual.

 

         Está claro que un manantero es y lo será por siempre pero ¿por qué los cuarteles crecen a la vez que el sentimiento de las personas?, es algo que con palabras hasta el más experimentado orador o el mejor poeta no podrá jamás explicar, tal vez y por eso es donde aparece en ese momento “El Pez”, un grupo de los grandes, tenía 25 años y acababa de dar el pregón de la Semana Santa el año anterior, tal vez el destino y porque de nuevo, otro año, nuestro grupo se nos quedaba pequeño, decidimos entrar, era el momento de dar el gran salto, o por así decirlo, pasar del equipo B al primer equipo, ya debíamos dejar de ser la savia para, coger aire y zambullirnos de lleno en una pecera tan enorme como puede llegar a ser el mar y en la cual desde dentro podíamos ver con claridad que lo que habíamos pasado era solo la punta del iceberg y que había mucho más que vivir y emociones que sentir.

 

         Habíamos tenido la oportunidad el cuarto sábado del año anterior de pasar un rato de hermandad pero ahora era diferente, ahora éramos de “El Pez”, la primera vez que nos reunimos con el grupo fue en el campo de Nene, allí yo me sentía muy extraño pero vi a una persona que me resultaba muy familiar, era nuestro hermanito Rafa Fresno, ese día no se me olvidara en la vida, era la única persona que junto con mis amigos conocía. Me acuerdo claramente de las primeras palabras que me dijo, las cuales fueron: ¿tú sabes quién soy yo, no?, y yo le dije: pues claro Rafa no lo voy a saber. La relación que tuve con él desde pequeño no fue muy fluida pero siempre que coincidía con el daba la sensación de ser de esas personas las cuales derrochan amistad y siempre te tienden la mano para ayudarte, para mí fue ese eslabón que me unió con los que hoy son mis hermanos, poco tiempo después el terrible lo llamo, quiero pensar que para preparar la llegada de cada uno de sus hermanos allí donde está, él, seguro que estará con los brazos abiertos esperándonos, desde aquí Rafa quiero decirte que estas palabras tienen un trocito de ti, estoy seguro que estas sentado junto con nosotros hoy aquí, como siempre, sabemos que no faltas a ninguna comida o celebración de tu grupo y quiero que te quede una cosa clara, cuando algún día me llamen para compartir junto a ti la mesa de “El Pez” allí en el cielo y me preguntes ¿tú sabes quién soy yo, no?, te responderé: pues claro Rafa no lo voy a saber.

 

         Pero si algo seguramente Rafa está totalmente orgulloso de nosotros es de esa Cuaresma y Semana Santa que aquí vivimos, llenas de buenos momentos, desde aquí creo que es cuando empieza mi pregón, porque a partir de aquí quiero describir la manera de sentir y vivir que aquí en La Historia de Tobías tenemos para la Cuaresma y Semana Santa y lo voy a hacer desglosando un poco todos los sábados de Cuaresma y todos los días de Semana Santa.

 

Jueves Lardero.

 

Es el primer día de la Cuaresma, aquí en “El Pez” se vive de una forma especial, digamos que con el ruido de los cohetes se da el pistoletazo de salida para empezar esta carrera que dura cuarenta días, en la cual la hermandad y el cariño que aquí nos tenemos son los únicos artilugios que se necesitan para llegar a la meta sin ningún contratiempo y disfrutar plenamente de la travesía. Que deciros hermanos, todos absolutamente todos estamos contando uno a uno los días que faltan para nuestro ansiado Jueves Lardero, desde que termina el Domingo de Resurrección hasta que ya estamos en el cuartel disfrutando de nuestra Cuaresma.

 

Primer Sábado de Cuaresma: Carnaval.

 

         Pasados dos días después del Jueves Lardero y todavía con la sordera propia de un inicio tan sonado, llegamos sin darnos cuenta al primer sábado de Romanos, carnaval, tal y como su nombre indica, carnaval es sinónimo  de fiesta y de alegría, alegría que después de tanto tiempo vuelve a sentirse sobre estas cuatro paredes que tanto han vivido, alegría de ver de nuevo a tus hermanos y darles un abrazo que aunque a algunos los veamos asiduamente durante todo el año, llegando ese día y al entrar por esa puerta de hierro forjado con el martillo de la constancia, nos entra ese escalofrío por todo el cuerpo que nos incita a ser mejores personas y a no defraudar a nadie que nos pida ayuda, así es el primer sábado en mi cuartel, así es el primer sábado en “El Pez”.

 

Segundo Sábado de Cuaresma: Tentaciones.

 

         Cuando damos el segundo paso hacia la tan ansiada Semana Santa, vemos como la alegría del inicio, que es como la que siente un niño con un juguete nuevo, va desapareciendo, volvemos a nuestro cuartel una semana después y tal y como Jesús de Nazaret fue tentado por el diablo nosotros somos tentados por nuestro pueblo para reunirnos todos a la mesa. Esta tentación es distinta porque es para afianzar mas nuestras raíces mananteras cada año, tal y como aquí se demuestra abrazándonos a esta mesa en la que estamos todos sentados y viviendo segundo a segundo, minuto a minuto, todas las palabras que de la boca de cada hermano sale ya sea con canticos, saetas o unas humildes y pacientes palabras.

 

Tercer Sábado de Cuaresma: Transfiguración.

 

         Este sábado en particular no es solamente especial para “El Pez”, sino para cualquier Corporación que en su haber tenga un hermano ausente, este sábado es en el que cientos de hermanos se transfiguran posicionalmente, es decir no cambian de aspecto sino que cambian por unos días su casa donde quieran que vivan por su cuartel, vuelven a Puente Genil.

 

 

 

Himno de los ausentes

 

 

 

Cuarto Sábado de Cuaresma: Diablo Mudo.

 

         No sé el porque me siento tan identificado con este sábado, llegando el cuarto me siento diferente, tal vez por lo silencioso del nombre, si echara la vista hacia atrás vería infinidad de anécdotas ocurridas este sábado, fue la primera vez que pise esta bendita casa, y también me dieron mi primera pata como hermano de la misma, no sé qué clase de magia tiene este sábado pero de repente aire de sinagogas parecen tener nuestra casa cuartelera, enriquecida por la tradición, se glorifica en el recuerdo, reinando la más perfecta unión y hermandad dignas de aquel cenáculo evangélico; y en donde, borrando toda diferenciación social, la palabra “hermano” viene a sustituir la distanciación de la personalidad que significa el “don”, ahora sí que estamos en Cuaresma.

 

Quinto Sábado de Cuaresma: Pan y peces.

 

         Tenemos el corazón ensanchado de tanta alegría que tenemos en él, pero necesitamos aun más, nuestro insaciable espíritu necesita alimentarse mucho mas, tenemos la necesidad imperiosa de tomar más alimento espiritual mediante el pan que Jesús multiplicó para que nunca estemos hambrientos de felicidad; y los peces que ya somos se irán multiplicando año tras año para sentarnos aquí todos juntos y podamos aprender unos de otros, para que todo lo malo que hemos hecho se limpie con esta eucaristía que en La Historia de Tobías se vive de forma ininterrumpida.

 

Sexto Sábado de Cuaresma: Pasión.

 

         Estamos acabando la cuaresma, se podía decir que este es el último sábado porque la séptima subida al calvario a visitar al Patrón será el Domingo de Ramos y para ese momento estaremos ya en nuestra apasionada Semana Santa, pero todavía no, todavía nos queda por expirar ese ultimo aliento que nos une con este tiempo de preparación y eso hermanos se tiene que vivir con intensidad, salimos del grupo con mas entusiasmo que nunca aunque sepamos que cuando volvamos estaremos ya casi en puertas de ver como esto se acaba, es como si estuviéramos hablando de un cuchillo con doble filo, o una moneda con dos cara en la cual apostemos por la que apostemos sabemos que vamos a perder, esto se acaba, no sin antes disfrutar y recordar los buenos momentos de esta cuaresma y aprender de los fallos cometidos en los malos.

 

         La Cuaresma se apaga pero en nuestros corazones se enciende una fervorosa llama, una llama que durante todo el año la vemos en la lejanía por su gran luminosidad, y a medida que nos vamos acercando su calor apaga nuestra ansia de maldad, odio y malos pensamientos. Es la primera vez que en estas letras utilizo malos adjetivos, cualidades que ningún ser humano debería tener, porque esto trata de “El Pez”, esto trata de Semana Santa.

 

Sábado de Ramos.

 

         O como aquí en la Puente se le llama, Sábado de Guía, para mi no es una sábado cualquiera, este día sale a la calle un rallo de sol que abre el cielo de par en par, este nublado o simplemente si hace un día en el que el sol es el protagonista, la luminosidad se hace mas presente, sale mi Virgen de la Guía, madre de Nuestro Padre Jesús y mujer, mujer que sufrió pero también sabe amar a todos los hijos de esta hermosa tierra, por eso aquí, en ese día se celebra nuestra tradicional comida donde lo mas importante es la mujer, ya sea esposa, novia, amiga, hermana o madre, apelativos que solo puede llevar una persona en el mundo, alguien que en el corazón de todo hombre tiene un gran hueco reservado y que por ninguna razón podremos jamás olvidar, desde aquí, siendo portavoz en este día de mi Corporación y en mi humilde persona quiero abrir mi corazón para homenajear a todas las mujeres que trabajan o ponen su pequeño grano de arena para que todo esto sea posible, para que hoy nos podamos sentar aquí todos juntos en esta pequeña asamblea o simplemente dándonos su permiso para que podamos pasar un rato en hermandad, desde aquí, mujer, gracias.

 

Domingo de Ramos.

 

         Día grande de Puente Genil, en que todo pontano saca del armario sus mejores galas, Puente Genil se viste de gala para recibir a nuestro Padre Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén, en los cuarteles se siente ese aroma de día en el que todos sus hermanos van para compartir todo lo que nuestro corazón puede dar y porque no, también con nuestros amigos, porque aquí es un día del que nos sentimos muy orgullosos de pertenecer a esta Corporación y de tener estos hermanos, los cuales, siempre tienden la mano a cualquier persona que por esa puerta aparezca, para hacerle sentir como uno mas de nosotros y por un instante cautivarle y pensar que por un momento todo puede ser posible con la ayuda y la perseverancia de un hermano que en ese momento esta contigo. Pero también y porque no decirlo tenemos nuestro momento intimo, el esperado sorteo de figuras, esas figuras que durante todo el año están esperando en ese cuarto que apenas visitamos, colgadas de una percha para que la persona que se ponga ese rostrillo por un momento sienta todo lo que ese personaje bíblico ha vivido, es una forma, por así decirlo, de transportarnos a la época en la que por nuestra culpa, un inocente murió para el perdón de todos nuestros pecados. Tobías, Ana, San Rafael, Tobit y Sara, cinco figuras, cinco personas que lo dieron todo por esa persona en el pasado y ahora nosotros en el futuro debemos revivir con seriedad y orgullo todo lo que para nosotros significan, constancia, fe, lucha y sobre todo amor.

 

Por la noche cuando la noche pelea por hacerse presente en la claridad del día llegamos a nuestro séptimo y ultimo Sábado de Cuaresma: Ramos, ya repletos de vivencias de nuestro cuartel la noche se hace un poco mas corta y el tiempo que pasamos en el cuartel se hace mas largo, así que debemos recortar un poco ese tiempo que en momentos notas que vuela y que deseas que pase poco a poco, desearías que en ese reloj de arena que es el tiempo cada hora se convierta en un grano de arena que va cayendo lentamente hasta detenerse y no corra nunca, pero no puede ser, hay que dejar paso y que el destino vuelva a traernos de nuevo a este día y podamos mirar hacia atrás y ver que este año es mejor el anterior pero peor que el siguiente.

 

Lunes Santo.

 

         Día digamos de “descanso”, porque esta bendita casa nunca cierra sus puertas en Semana Santa, este día se intenta estar acompañando a la Santa Cena de Jesús en su visita a las calles de Puente Genil, pero cuando las fuerzas flojean, ¿a donde vas?, a tu cuartel, aquí intentas coger un poco de fuerzas gracias a ese ratito que pasas con tus hermanos el día que menos los ves, pero que al estar tan acostumbrado a ellos necesitas, ese día es muy duro porque después de estar todo el día por la procesión los pies empiezan a doler un poco pero el alma esta hambrienta, hambrienta de sensaciones y de vivencias porque sabes que ahora empieza lo bueno.

 

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Martes Santo.

 

         Este día es el primero en el que “El Pez” se hace oír en la Semana Santa de Puente Genil, después de un almuerzo, digamos informal, después de estar deseando que llegara esta época y de vivirla con ese grupo de personas que son tus hermanos y subir a ese pequeño momento con Jesús Nazareno en su besamanos para hablar con él, rezar y coger fuerzas, llega la cena, cena en la que cualquier manantero desearía estar. Manantero ejemplar y pregonero de la Semana Santa de Puente Genil están presentes y con su saber y presencia, con esa conexión que hay entre los dos, estas cuatro paredes en las que hoy nos encontramos parecen que reflejan una mayor experiencia de lo que en verdad tienen, todos los que aquí nos encontramos aprendemos más y porque no decirlo, nuestra ansia de aprender, de ser mejores mananteros se sacia un poco, porque la experiencia y el saber han hablado y lo han hecho en La Historia de Tobías.

 

Miércoles Santo.

 

         Día grande en Puente Genil, o quizás podríamos decir que el más grande, día de los cuellos sucios, este pueblo que en llegando la Semana Santa y cayendo esta en la fecha que sea, se transforma, cambia su ambiente dicharachero por la seriedad digna que invoca la procesión que en ese día sale a sus calles, pero también nosotros tenemos una responsabilidad mayor, infinitamente mayor, sale nuestro titular a la calle, Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, esa imagen que junto con la de El Terrible hacen que al mirarla un escalofrió recorra tu cuerpo por el simple hecho de estar ahí, impasible y esperando a que su pueblo y sus hijos lo lleven hasta el mismo cielo para proclamar su grandeza cuando él, solamente fue desolado y paso desapercibido a los ojos de todos, por eso quizás al poner su imagen sobre ese paso lleno de grandeza y como ningún otra imagen de Puente Genil lleva, se intenta contrarrestar todo lo que su nombre y aspecto induce para así equilibrar la balanza y hacerlo más humano de lo que ya es, por eso sus hermanos de “El Pez” intentan que nunca este solo y con un insignificante hecho como puede ser el de agarrar un cirio o una vela hacerle compañía, y dar a conocer, que como dicen unas letras está sentado esperando sin esperar nada, humilde y paciente.

 

Jueves Santo.

 

         Día del amor fraterno, día en que ahora sí, el grupo sale a la calle, ahora toca hacer mas hermandad de la que ya en Cuaresma y en lo que llevamos de Semana Santa hemos hecho, hoy estas con tu grupo y no te separas de ellos en ningún momento, te pones la túnica de rebateo y en ese momento te transformas, vas al cuartel con alegría, sabiendo que te lo vas a pasar mejor que nunca, porque aunque el color negro de la túnica sea signo de luto o tristeza ese color oro del cordón y del capillo nos enriquece más aun con su reflejo, con todo eso llegas a tu grupo donde todos te esperan impacientes, porque mientras más seamos mejor. Cuando te sientas a la mesa ese aire de seriedad que por unos días hemos tenido desaparece y hace presencia una mezcla de respeto y jubilo, cualidades o adjetivos un poco contradictorios pero que solo las personas de aquí sabemos cómo compenetrar para que la tristeza del anuncio de la muerte de Cristo no haga mella en los corazones de los pontanos. Acto seguido y después de levantarnos de la mesa toca la ineludible cita en la casa de nuestro hermano Manolo Hervías, con sus pestiños y esa copa de anís con la que él y su familia siempre nos espera, con las puertas de su casa abierta de par en par para sus hermanos de Corporación, perdonad si a estas horas de la noche hablo de comida pero es imposible no mencionar ese ratico, el cual todos los años esperamos impacientemente en el Jueves Santo. Cuando cae la noche y la brisa trae esa sensación de misticidad sabemos que todo está prácticamente acabado, solo nos quedan tres días y en el transcurrir de la noche te vas dando cuenta que sin todo esto, no podrías vivir, sin estos ratos prácticamente no seriamos nadie, pero aun nos queda nuestro

 

Viernes Santo.

 

         Viernes Santo en el que durante la noche, cuando el tiempo pasa rápidamente, casi sin darnos cuenta, se agolpan en nuestra mente todos los buenos momentos pasados durante la Cuaresma y Semana Santa y aunque todavía esto no ha acabado ya sientes ese punto de nostalgia que nos invade a cada uno, poco a poco y minuto a minuto, sin darnos cuenta. De repente una campanita se oye a lo lejos y unas cajas redoblan y hace que ese silencio tan místico que tiene la noche se convierta en un ensordecedor trueno que avisa de que en este día todo va a acabar, la muerte del Nazareno es en sí, o por así decirlo, como la muerte de la Semana Santa, el fin por lo que tanto hemos esperado y luchado, eso hermanos, lo que para nosotros significa el grupo, todo eso, hace que los problemas se olviden, todas nuestras dudas desaparezcan y por un momento todo sea perfecto, pues bien, eso se resume en La Diana, un momento intimo en el que al mirar a los ojos del patrón y al hablarle, rezarle o lo que cada uno en su corazón quiera expresar, siente como el tiempo se detiene, son los cuatro o cinco minutos por los que todo pontano espera todo un año o toda una vida para decirle al que hoy por nosotros morirá en la cruz, aquí estoy padre hágase en mi tu voluntad.

 

         Para cuando volvemos de esa especie de trance, cuando queremos darnos cuenta, todo el mundo allí presente se convierte en una especie de rio, en el cual, de forma casi perfecta transporta al Nazareno para llevarlo por las calles de Puente Genil, desde aquí cuando un hermano de “El Pez” en ese día se pone esa túnica morada o se viste de figura, significa que esa pequeña penitencia que en ese día se hace es más que la que normalmente se puede hacer, quieres, con tu cariño ayudar a llevar por un momento ese “maero” tan pesado hecho con nuestras culpas, por eso cuando te quitas el rostrillo o llegas al grupo a almorzar todos tus hermanos se preocupan de ti, te preguntan cómo ha ido la procesión, es como si ellos desde su punto de vista vieran que de manera simbólica o casi real y por un momento has hecho el papel de cirineo y si estas casando ellos se quieren preocupar por ti, por eso cuando cae la noche y esta nos transporta al momento de la tragedia, al momento en que el inocente muere en la cruz, todo adquiere una especie de luto, todo es tristeza, la madre de la isla, la Virgen de la Soledad, adquiere ese manto negro y con su mirada quiere pedirnos un favor, ¡guardad silencio, porque Cristo ha muerto!.

 

 

 

Viernes Santo triste día.

 

 

 

Sábado de Gloria.

 

         Se acerca el final, esto se acaba hermanos, ya dejamos colgadas las túnicas de rebateo, dejamos a un lado todo lo fervoroso de la Semana Santa y nos dirigimos al cuartel cabizbajos, como cuando sabemos que todo tiene un final, pero sin esperarlo este llega, cuando al entrar ves, ya a todo el mundo sentado a la mesa se siente que ese escalofrió que sientes al principio de la Cuaresma al brindar la primera vez ya prácticamente no está, intentas sacar fuerzas de donde no tienes pero el cansancio físico y emocional de tantos días puede con todos, quieres vivir de nuevo todo pero ya es imposible, por eso Cristo se viste de cristal y oro para darnos su penúltimo adiós, todo el pueblo está de luto, la alegría escasea porque esto se acaba.

 

Domingo de Resurrección.

 

         Ultimo día, Nuestro Padre Jesús Resucitado hace su aparición en las calles de la Puente, debemos estar contentos porque él ha resucitado, pero no es así, los últimos turnos de figuras llegan temprano al cuartel y como si de una tragedia se tratara vistes las ropas por última vez hasta el año que viene, después cuando la procesión acaba y las figuras vuelven a quedar guardadas, empieza la junta, y dichosa junta espero que el que os habla no tenga que escribir este año mucho porque eso sería signo de que todo ha estado perfecto. Subimos para el almuerzo, todo el mundo sabe que el Domingo de Resurrección es día de lo que ha sobrado, sobras que aunque quede mal decirlo, son como retales de esos días que han quedado atrás, porque en este día se recuerda todo lo que hemos pasado juntos, es el día en el que te despides del grupo como si nunca volvieras a entrar a él, tu mente sabe que el año que viene otra vez volveremos a pisarlo y estaremos todos juntos de nuevo para saludarnos y darnos ese abrazo, pero el corazón da un vuelco cuando al cerrar la puesta, suena el chasquido que se oye al girar la llave, la llave de nuestros corazones.

 

 

         Todo esto es para mí “El Pez” no sabía cómo podía describir todo para hacer este pregón, así que decidí describiros lo que aquí se vive y como yo lo hago, aunque haya sido un poco largo y pesado quiero que sepáis que todo esto es increíble e indescriptible para mí y que lo he hecho de la mejor manera posible, de corazón.

 

         Pero no os creáis que La Historia de Tobías “El Pez” es solo la época de Semana Santa, es el conjunto de un trabajo que durante todo el año se realiza, ya sea tanto para el día de La Cruz como para Reyes o simplemente porque tenemos una junta y hay que organizar cosas, esos raticos que se echan con tus hermanos a veces pueden llegar a ser inolvidables, porque estás con ellos, digamos que esto es una válvula de escape del mundanal ruido de la vida diaria que nos ayuda a nosotros mismos para poder llevar la cruz de nuestras culpas y pecados y así redimirnos.

 

         Todo esto es enorme, todo esto es grandioso, pero junto con todo esto, junto con la forma de ver la Semana Santa que aquí tenemos me acuerdo de la duda que al principio de estas letras propuse para que me ayudarais a resolver, era la de si un manantero se nace o se hace, resumiendo y aunque en mi familia la mananteria no allá sido una de sus grandes virtudes como en alguna otra, nunca me ha faltado cariño para que estos sentimientos salgan a flote, después de todo lo vivido en mi infancia y seguidamente todo lo ocurrido aquí, personalmente todo el mundo se puede decantar a que con el paso del tiempo, la Semana Santa de Puente Genil poco a poco ha ido calando en mi corazón, pero me quiero resistir a esa idea, porque ¿qué sería de mi sin Semana Santa?, ¿qué sería de mi sin mi Pez?, quiero pensar que el destino me tenía preparado este rinconcito para que poco a poco y con el paso de los años ese sentimiento con el que nací, se fuera haciendo más grande con las experiencias que la vida me ponía en el camino, es más estoy seguro que aunque la primera palabra que dijimos fuera papa o mama, lo que primero se nos paso por la cabeza era Puente Genil, hermandad y Semana Santa.