Tras el letargo... comienza el trabajo
Estimado hermano y lector, tras pasar los dos calurosos meses de letargo en que se sumerge el mundo de la Semana Santa de Puente Genil, llega el mes de Septiembre. El mes en el que empieza la activadad manatera. Las nuevas ilusiones, proyectos, actividades, en definitiva,se comienza a trabajar por y para la Cofradía o la corporación; por Nuestro Padre Jesús o María Santísima.
Hemos recargado las fuerzas, nos hemos evadido y apartado un poco de este mundo, para recargar "las pilas" y volver con más fuerzas que nunca. Para entrar en tema te muestro una poesía de Don Juan Ortega Chacón, actual Manantero Ejemplar, la cual recitó en su pregón de Semana Santa el Domingo de Ramos de 1994. Dedicada a todos/as aquellos/as que trabajan por su Semana Santa, en las sombras:
Mi primer canto a vosotros que trabajáis en la sombra,
A ese rio de cauce oculto, que tantas veces se ignora
A esos que tanto luchan, empujan y nadie nombra
Los que callados y humildes, nadie ve, pero se notan
Pintores e imagineros, que a Cristo y María dan forma con sus gubias y pinceles,
Carpinteros, los que doran esos pasos deslumbrantes que a nuestras calles asoman,
Orfebres y dibujantes que ennoblecen cuanto toca,
Los sastres y costureras, las labores de las monjas,
Los que quemando sus ojos, los mantos y palios bordan,
Todos aquellos que ponen el corazón en la obra.
Priostes y camareras que visten a la señora, a los que limpian la plata
Y los altares exornan, los que fabrican la cera y con primor la colocan,
Los que cultiva las flores y a esos artistas que logran que los pasos cuando salen sean un cachito de gloria, los del botijo y la caña,
Los del inciencio que flota inundando nuestras calles de tan celestial aroma,
A todos los que dedican al año cientos de horas,
Los que montáis sin ser vistos esta soberbia tramoya,
Los que hacen los rostrillos de cartón y de escayola,
Curtidores y artesanos de zapatillas y botas,
Los que a golpes del metal, cascos y espadas transforman,
Los insignes alpatanes que nos escancian la copa,
Cocineros y ayudantas cuyas mesas suntuosas ponen trono a la poesía y a las saetas corona,
Al que toca la campana, músicos que con sus notas llenan el aire de vida y el alma nos reconforta, y a ese saetero sin nombre que nadie paga ni glosa, que en una esquina cualquiera el corazón nos destroza,
Mi canto a los bastoneros que sobre sus hombros portan al bendito nazareno o a su madre dolorosa,
Anónimos costaleros, que tanto sufren y lloran bajo las trabajaderas sin que su rostro conozca,
Y al capataz que gritando, termina con la voz rota,
Nazarenos, penitentes, cuyo rostro nunca asoma,
Las mujeres que renuncian a tantas y tantas cosas, transmitiendo a nuestros hijos esta tradición gloriosa,
Los que por su cofradía, se quitan pan de la boca,
Y al que impedido o enfermo, detrás de cristales llora,
A todos vaya mi canto, que sea mi mejor estrofa, por que soy el cañamazo sobre el que este pueblo borda, vosotros sois el cimiento que a nuestra mananta apoya, y siempre seréis ejemplo, trabajando y en la sombra


