Poesías de Verano (III)... La Represa

15 Julio 2011, 08:30am

Publicado por Historia de Tobías -

Ya está el sol en la calle

y amarillea la avenilla loca,

se torna tostado el valle

surgiendo de los pedregales

el verde que el calor agosta.

 

Los árboles, de copas espesas,

posan su sombra en el agua

que revoltosa salta la presa,

formando blancas enaguas

que se pierden por sorpresa.

 

Las aves en su volar infinito

caen empicadas al agua verde,

bebiendo con su vaso-pico

pequeñas gotas que las refresquen.

 

Un pescador curtido

de piel brillante y morena,

ceba su anzuelo escondido

sentado junto a la arena.

 

Lo lanza lejos cayendo al agua,

y en el seno del río

a una carpa gigante engaña.

Pica, tira, engarza,

y el pescador contento

tensa su larga caña,

sacando del turbio río

un pez brillante y hermoso

que fuera lucha con brío.

 

Mientras,

tres chiquillos en calzonas

siguen las huellas pequeñas

de una rata negra pelona:

Va por allí, no por allí,

a tu lado "Tejón",

por el tuyo "Canilla",

¡que se escapa!, ¡que se escapa!,

se escapo entre las piernas

del larguirucho "Bonilla".

 

Al otro lado, bajo los chopos,

la gente entre risas y fiestas

se refresca y se remoja un poco:

Primero un pie, luego el otro,

el valiente entra de golpe

y el prudente con reposo.

 

La corriente lenta y sosegada

invita a dejarse acariciar

por sus aguas frescas.

Libélulas de alegres colores

revolotean junto a la orilla,

y una culebra de agua marrón

que nada de maravilla,

asusta con su presencia

a unas alegres chiquillas.

 

 

 

La tarde trae los olores

de la carne a la brasa,

del espetón de sardinas,

del tomate con su sal,

su aceite y su cebolla fina.

 

A melón recién partido,

a sandias reventonas

a peras, brevas e higos.

 

Y luego, el aroma a café,

que junto con unos rosquillos

animara la tertulia

donde contar chascarrillos.

 

Después, la merecida siesta,

a la sombra de un frondoso eucalipto

con el sombrero de paja en la cara

salvándome de los tenaces mosquitos.

 

El descanso, leve y fugaz

da paso a un nuevo remojón,

la tarde se deja llevar

con los tenues rayos del sol.

 

La luz como asustada por la luna

deja indefinido el horizonte,

el sol duerme tranquilo en su cuna

y las sombras de la oscura noche

vuelven a meternos en el coche

regresando sin tristeza alguna.

 

El cansancio nos abraza,

el sueño nos abruma,

el cielo se cuaja de estrellas

blancas como gotas de espuma.

 

Silencio, luego solo el silencio

invade de nuevo el paisaje,

y la represa con su incesante corriente

queda tranquila y en calma.

 

Los grillos acompañan el sonido del agua

que descansa de chapoteos y salpicones.

Vuelve a tejer la araña su tela

entre los gruesos troncones

sin miedo a que la rompan

los niños con sus carrerones.

 

Pero de nuevo será mañana

y el sol estará otra vez en la calle,

cerrara con su calor nuestras ventanas

invitando a que el pueblo calle

y acuda a disfrutar de la presa pontana.

 

Juan Fernando García Arroyo

Julio 1998

Comentar este post