La figura de Jesús a la luz de la historiografía del siglo I
Desde finales del siglo XVIII, y especialmente, durante todo el siglo XIX y principios del XX, fueron muchos los autores que negaron rotundamente la existencia de Jesús de Nazaret partiendo de una crítica racional de los Evangelios, en especial de sus divergencias y contradicciones. Estos autores explicaban la aparición de la Doctrina Evangélica como un intento consciente y engañoso de dar cuerpo a un mito. Sin embargo, a partir de los años veinte del siglo pasado, la postura general y la crítica cambió radicalmente, empezando a considerar posible la veracidad histórica del personaje, debido a la cantidad de pruebas directas o indirectas de su existencia, y afirmando que otra cosa bien distinta era su interpretación, o dicho de otro modo, su naturaleza divina.
Lógicamente,, la gran mayoría de las fuentes documentales protagonizadas por el Galileo son cristianas, pero los Evangelios adquieren mayor importancia cuando han sido corroborados por fuentes no cristianas, judías o romanas, que demuestran desde una perspectiva histórica que en el siglo I hubo un rabino judío llamado Jesús, que no fue aceptado por su pueblo y que, finalmente murió ajusticiado por decreto de Pocio Pilato, gobernador de Judea en la época en que Tiberio era emperador de Roma.
La primera evidencia histórica sobre la veracidad de los Evangelios nos la aporta la arqueología con el hallazgo de los restos de José Qayyafá, más conocido como Caifás. El historiador judío Flavio Josefo, quien narra en sus obras la historia de sus contemporáneos, dejó escrito que Caifás fue el sumo sacerdote de Jerusalén entre los años dieciocho y treinta y seis de nuestra era. En 1990, unos operarios que trabajaban en la ampliación de una carretera al sur de Jerusalén descubrieron una caverna en cuyo interior encontraron un gran sepulcro rodeado de doce recipientes, sobre uno de ellos se podía leer la inscripción "Yehosef bar Caiafa", que en arameo significa "josé, hijo de Caifás". Los arqueólogos comprobaron que los restos que contenía este recipiente eran los de un hombre de unos sesenta años y dedujeron que se trataba de José Caifás que narra Flavio Josefa y el Nuevo Testamento.
Sin embargo, son las fuentes documentales las que resultan más decisivas como pruebas de la existencia histórica de Jesús de Nazaret. De estas, hay que reseñar en primer lugar las citas de tres historiadores romanos del siglo I: Tácito (59-119), Suetonio (75-140) y Plinio el Jóven (61-11).
Sustonio, en su obra "Vida de Claudio", capítulo 25,4 y Plinio el Jóven en su "Carta", capítulo 10,96, nos hablan de un personaje llamado Cristo, y que debido a él, sus seguidores fueron llamados "Chistiani".
Más clara aún es la cita de Tácito, quien en su obra "Análes" narra el incendio de Roma provocado por Nerón y del que fueron acusados los cristianos. Esta reseña demuestra que éstos eran bien conocidos y por supuesto numerosos. A esta cita hay que añadirle otra de la misma obra, pero en el capítulo 15,44,3 y siguientes, don de el cronista romano escribe textualmente refiriéndose a los cristianos: "Este nombre les viene de Cristo, quien tras Tiberio era emperador, había condenado a la pena capital por el Procurador Poncio Pilato".
Pero el historiador que más información aporta sobre la vida de Jesús, es Flavio Josefa (37-95). Este cronista judío habla de Jesús en dos ocasiones, parece una aportación pequeña, pero es decisiva porque además de ser fuente no cristiana, revela datos muy significativos sobre el Judaísmo del siglo I. En su obra "Antigüedades de los Judíos", escrita en el año 94 de nuestra era y en un elegante griego, encontramos estas menciones. En el capítulo 20,20 se relata el asesinato de Santiago, "hermano de Jesús, llamado Cristo". Interesante aportación que aparece también en algunos evangelios apócrifos. La otra reseña con referencia al Nazareno aparece en el capítulo 18,63 y 64, denominado por los estudiosos judíos modernos "testimonium Flavianum" por que ven en él un testimonio auténtico de la existencia de Jesús. Su texto completo es el siguiente: "Por aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio. Fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. Cuando Pilatos, a causa de una acusación hecha por los principales entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo. Y hasta este mismo día, la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido".
Luis Fernando Luque Aguilar
Licenciado en Historia Antigüa


