La Custodia del Corpus Christi de Puente Genil
Fuente: Archicofradía del Corpus de Puente Genil
Como día del Corpus Christi, aunque en Puente Genil se celebra el próximo domingo, hemos querido recuperar un artículo que publicamos el pasado mes de diciembre y que narra la historia de la valiosísima custodia o castillito que Puente Genil posee. En estos días que en las redes sociales tanto se ha opinados sobre volver al Ángel custodio o seguir con el actual castilllo.
La custodia del Corpus, fechada en 1563, se debe a la magnificencia del marqués de Priego, que la dona. Se han cumplido por tanto 450 años de la custodia procesional de Puente Genil, uno de los bienes muebles más antiguos, artísticos y sobresalientes con los que cuenta nuestra ciudad y que cada año la Archicofradía del Santísimo Corpus Christi se encarga de procesionar, rindiendo público culto y tributo de fe y alabanza a Su Divina Majestad, en el Santísimo Sacramento, por nuestras calles.Por esta razón, hoy volvemos a mostrar el artículo que hace unos meses publicamos, de Jesús Rivas, en el que se estudia minucisamente dicha joya.
La custodia en cuestión se trata de una interesante creación renacentista, siendo de asiento con una típica estructura turriforme. Se compone de cuatro cuerpos decrecientes de traza rectangular, partiendo de un gran cuerpo concebido a manera de templete con limpias columnas toscanas, sólo con un anillo para marcar su tercio inferior, dispuestas en las esquinas y sobre las que monta la cubierta, de la que emerge en el centro una especie de cupulilla decorada con motivos repujados. El remate de dicho cuerpo se completa con una crestería, que según los modelos platerescos se forma con medallones de bustos y las características "S" envolutadas en sus extremos, más cuatro ángeles en las esquinas, que se elevan en pedestales cilíndricos directamente sobre las columnas.
Este primer cuerpo hace de basamento del viril, que se levanta tras un abultado nudo con gruesa moldura, erigido encima de la cúpula de aquél y como ella adornado con repujados. El cuerpo propiamente del viril se dispone como una caja de cristal con ángulos de chapa de plata en chaflán, anteponiéndose a ellos estilizados balaustres sin decorar, colocados en diagonal para ajustarse a la estructura de las esquinas. Este segundo cuerpo, lo mismo que el primero, tiene una especie de cupulilla de superficies repujadas. La encuadran cuatro balaustres, de diseño distinto de los del viril, que siguiendo el esquema de éste forman un tercer cuerpo, flanqueado por las pequeñas esculturas de los Evangelistas, suavizándose así la diferencia de tamaño de uno y otro cuerpo. Como en los anteriores, su cubierta destaca con otra cupulilla, pero en este caso más rebajada y con decoración de gallones, que centra una perinola, a juego con la cual se colocan otras en las esquinas.
El cuarto cuerpo, de semejante estructura, está compuesto por hermes, sobre los que se levantan otras perinolas. Tal estructura arquitectónica, como es lo usual en las custodias renacentistas, acoge un programa iconográfico en escultura, además de lo ya mencionado como complemento de las esquinas. El primer cuerpo sirve de habitáculo a una preciosa imagen de Cristo a la columna, ajustada a la típica imagen del Quinientos, o sea abrazado a una alta columna, que se distingue por su capitel corintio. Bellísimo es el Cristo, muy italianizante, ofreciendo un estilizado canon y elegante pose en "contrapposto" con hermoso torso girado, que sigue los esquemas de Siloé, aunque con más acusado manierismo. Su rostro delata fuerza expresivista, encuadrado por sinuosos cabellos. Ciertamente, se trata de una escultura de especial finura e interés artístico, que contrasta con el resto, mucho más basto.
El tercer cuerpo acoge al Crucificado y, por último, la custodia se remata con la imagen triunfante del Resucitado. De esta manera, en tan escueto programa iconográfico se pone de manifiesto el significado de la Eucaristía, como memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador. La custodia es un típico producto de su época, de un Renacimiento avanzado, tal como corresponde a su data en 1563. Las columnas del primer cuerpo con sus limpias líneas arquitectónicas y su propio orden toscano avanzan hacia un clasicismo, que en Córdoba estaba bien abonado gracias a la actuación de Hernán Ruiz II. De otro lado, la decoración repujada de ese cuerpo y del nudo superior se sujeta a típicos repertorios manieristas con mascarones, ensartos frutales y motivos de apariencia abstracta y geométrica, que conforman marcos y cartelas con los característicos envolutados de los cueros retorcidos. Dentro del repertorio manierista también hay que incluir los hermes utilizados como soportes en el último cuerpo. Pero no hay que engañarse, pues por encima de todo la custodia ofrece una concepción plateresca, manifestada principalmente en su liviana estructura y en la ligereza y esbeltez de sus elementos arquitectónicos, entre los que hay que contar soportes tan peculiarmente platerescos como los balaustres del viril y su cuerpo superior, al tiempo que subsisten ornatos platerescos, especialmente en la crestería con medallones del cuerpo bajo.
Puede afirmarse que la custodia de Puente Genil entronca en ese ambiente, que deriva del maestro, pero en esa fase más avanzada que enlaza con el Manierismo. En Córdoba es el momento de maestros plateros como Diego de Alfaro, Pedro Damas y Diego Fernández, cuya actividad es conocida en torno a 1560, época a la que pertenecen obras importantes, caso de la cruz procesional de Fuente Obejuna, la otra cruz de Espejo, la custodia ostensorio también de Fuente Obejuna o la custodia templete ya mencionada de Aguilar, piezas que ostentan las marcas de dichos maestros". La custodia pontana hay que sumarla a ese conjunto, aunque carece de marcas que acrediten su autoría. Su íntima relación con la custodia templete de Aguilar, debida a Fernández induce a adjudicarla a este platero, considerado uno de los más importantes de este momento, a quien corresponde además la citada cruz de Espejo. Confirma esta opinión el hecho de que también trabajase para el viejo Pontón de Don Gonzalo y su parroquia de la Purificación en otras ocasiones, pues en ese templo se conserva una crismera de bella traza poligonal adornada con láureas punzonada por él.
Jesús RIVAS CARMONA. La custodia procesional de Puente Genil. Reflexiones sobre una obra de platería del siglo XVI.



