"Hoy la memoria escoge el camino más corto para herirme" (75 años de quemas de iglesias y conventos)
Aunque no pertenece a la Mananta, pertenece a la Semana Santa, que es patrimonio de todos. Aunque el ejemplo sea el de Sevilla, el sentimiento es el mismo y los sucesos similares. Las fotografía hacen más humanas, si es posible, a la imagen. Por esta razón ahí va este artículo:
<< Los versos de Rafael Montesinos bien pudieran resumir las emociones de los que hoy vuelven la mirada al recuerdo. A estas horas, hace 75 años, la ciudad debió amanecer con el olor a humo desde todas sus azoteas. La barbarie habría logrado arrinconar a una Iglesia que ardía desde la calle Feria a San Bernardo y desde la Puerta Osario a Triana.
Virgen de la Amargura de Sevilla en el cajón que fue protegida
Hoy sería el día en el que Sevilla guardaba el más doloroso de los duelos. El alzamiento de Queipo de Llano había provocado la reacción que, desde hacía meses, todos esperaban y, desde la iglesia de San Gil, se sucedieron los incendios en Santa Marina, San Marcos, Omniun Sactorum o los saqueos en San Juan de la Palma o Montesión.
Esta mañana, los más incansables incendiarios habrían ido a Triana, a profanar las imágenes de La O y en busca del Cachorro, al que los brazos de la providencia salvó en el último minuto.
Virgen de la Amargura de Sevilla antes preparada para ser guardada
La rumorología de aquellos días permitió que se sucedieran las historias más crueles pero, también, las más hermosas; las que hemos heredado en forma de fotografía. La de la Macarena en el cajón, la de la Amargura con el pañuelo en la cabeza como si fuera hija de la última guerra en la que el nombre de Dios estaba de por medio.
En aquel tiempo nacieron los héroes que arriesgaron su vida por proteger a las imágenes en sus propios domicilios. Y ahora, gracias a investigaciones como las de Juan Pedro Recio, los cofrades tienen el itinerario para, en días como hoy, recordar las que fueron sedes, durante estos días, del corazón de muchos fieles.
Alguien deberá explicar a una nueva generación que nació mucho después de aquello que el rencor nunca fue bueno. Pero, mucho menos el olvido. Las heridas que aquella noche se abrieron jamás volverán a estar cerradas mientras las imágenes de San Roque o las de Montes de Oca de los Gitanos sigan convertidas en polvo de ceniza. En San Bernardo, en una caja, se conserva uno de los brazos del crucificado al que le rezaban los labios del pueblo. En La O, la antigua dolorosa desde la sala de cabildos calla, en silencio, las aberraciones que aquella mañana de un día como el de hoy le provocaron.
A un lado y al otro del río se mascó el dolor porque, tras la quema de imágenes vendría el asesinato de personas en una guerra que algunos se empeñan en seguir manteniendo en pie. El rencor nunca fue bueno, pero tampoco el olvido y días como el de hoy merece la pena en detenerse ante lo que la ciudad perdió a costa del odio. >>
Fotografías de las imágenes que fueron guardadas a las que fueron quemadas en la Guerra Civil:




