El cuadro de los flagelantes
Se trata de una auténtica reliquia que avala y acredita, enmarcándola en la historia, el origen de la Cofradía de la Veracruz. De otra parte somos depositarios de uno de los escasísimos testimonios conservados en España de lo que fue práctica común en estas cofradías -denominadas de "sangre"- en base a la rigurosa penitencia de azotes que sus hermanos, públicamente, se autoinferían tanto en la procesión del Jueves Santo como en otras de rogativas.
Expuesto en la Ermita de la Veracruz, se ubica en la nave de la epístola, frontal al altar mayor. Se sabe que, originariamente, fue de mayor tamaño mutilándose para enmarcarlo más suntuariamente (medidas actuales 1,73x1,18) tal como hoy lo encontramos. Por las actas de la Cofradía, sabemos que se salvó del expolio de la ermita en 1936, al ser trasladado, previsoriamente a lugar seguro.
De autor desconocido, representa y documenta la procesión de flagelantes de la Cofradía. Éstos aparecen tras la imagen central de un Crucificado identificable con el de la Sangre. Tanto por el tema representado como por su sentido iconológico pudo ser obra de un fraile o hermano aventajado en las artes pictóricas. De rasgos arcaizantes pudiéramos encajarlo en el tardomanierismo por su acusada simetría y el canon alargado de algunas figuras. La composición se nuclea en torno al Crucificado -sobre cruz arbórea con nudos- en actitud agonizante y cabeza aureolada y de proporción muy superior a los flagelantes. Éstos aparecen en fila -con túnicas blancas y descubiertas las espaldas- encabezados por una cruz, sobre un paisaje idealizado en el que se aprecia una ermita o palacete en cuya puerta aparece un personaje principal, vestido a la usanza del siglo XVI. Se advierte una transposición alegórica de personajes pasionistas como Longinos o las tres Marías. Por sus características pudo ser ejecutado a finales del siglo XVI o principios del XVII.
Salvado providencialmente de la destrucción en 1936 se encontraba en muy avanzado estado de deterioro con ocultación pictórica y mutilaciones. La Asociación "Amigos de Puente Genil" acometió en los años noventa del pasado siglo el firme propósito de restaurarlo, recavando fondos para ello y encomendándoselo al excepcional artista y acreditado restaurador local José Manuel Cosano el cual, tras realizar un minucioso estudio previo, realizó una rigurosa restauración para devolverlo a su estado primitivo, siendo devuelto a la ermita mediante acta notarial el veintisiete de Julio de 1995. Gratitud permanente deberemos a los "Amigos de Puente Genil" y a tan preclaro artista que nos permite seguir contemplándolo.
Fragmento de un artículo denominado "Iconografía de la Cofradía de la Veracruz" publicado en la revista oficial de la Semana Santa de Puente Genil del año 2008; autor Juan Ortega Chacón.


